Rabia y tristeza

La rabia cumple una función muy importante, la de proveernos de la energía necesaria para 𝗿𝗲𝘀𝗼𝗹𝘃𝗲𝗿 el problema que se nos presenta.

Pondré un ejemplo sencillo: una amiga nos dice algo que nos molesta, que nos duele. Si somos capaces de darnos cuenta del dolor y podemos expresarlo, es posible que la otra parte nos pueda pedir disculpas o explicar de algún modo por qué dijo tal cosa. Cuando el vínculo con el otro no es suficientemente fuerte y bien construido, saltarnos el dolor y pasar directamente al enfado, rabia o ira, es fácil.

𝗟𝗮 𝗿𝗮𝗯𝗶𝗮 𝗲𝘀𝘁𝗮́ 𝗮𝗻𝗲𝘀𝘁𝗲𝘀𝗶𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗲𝗹 𝗱𝗼𝗹𝗼𝗿 y dependiendo de cómo lo exprese el otro pasa a ser un enemigo, con lo que es probable que me responda de igual manera, y entonces el enfado trae más problemas que soluciones, que es para lo que había aparecido.

Ocurre que 𝗲𝘅𝗽𝗿𝗲𝘀𝗮𝗿 𝗱𝗼𝗹𝗼𝗿, 𝗲𝘀𝘁𝗮́ 𝘃𝗶𝘀𝘁𝗼 𝗰𝗼𝗺𝗼 𝗱𝗲𝗯𝗶𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱, pero nada más lejos porque a todos nos duelen gestos de los demás (en mayor o menor grado, claro está). Nuestra 𝗳𝗼𝗿𝘁𝗮𝗹𝗲𝘇𝗮 no está en no sentir dolor sino en cómo lo manejamos, si lo legitimamos o no, si nos permitimos sentirlo, si nos permitimos expresarlo.

“Me duele mucho tu respuesta”… es liberador porque estoy expresando el dolor que hay debajo de la rabia… el dolor por la decepción, por la pérdida, la desilusión.

Cierto es, repito, que ni podemos ni debemos expresarlo con cualquiera ni en cualquier momento pero es importante que hagas la reflexión de darte cuenta del dolor antes de pasar a la expresión de rabia o ira y procurarte más problemas aún.

¿Qué estás expresando más en este momento, enfado o tristeza? te leo en los comentarios.

¡No corras. Ve despacio, que donde tienes que ir es a ti solo!
— J. R. Jiménez

Hola, soy Ana Curto, Terapeuta para PAS.

Desde siempre me ha apasionado el mundo interior de las personas, aquello que no se ve a simple vista sino que se descubre con calma, paciencia y cariño.

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